Muchas de las funciones ejercidas por nuestro organismo siguen un ciclo de 24 horas, definido como ritmo circadiano. Tenemos unas «agujas» interiores que controlan nuestros ritmos biológicos, como el ritmo sueño-vigilia, la producción de ciertas hormonas o los valores de la presión arterial y de la temperatura corporal.

Estos procesos circadianos están regulados por un reloj central (Master clock) situado en una pequeña región del cerebro dentro del hipotálamo, el núcleo supraquiasmático.
El reloj interno central regula nuestros ritmos biológicos y se sincroniza con los relojes biológicos periféricos, presentes en casi todos nuestros órganos (hígado, músculos, tejido adiposo, estómago, intestino, glándula suprarrenal) además de en las células. Todo esto permite adaptar las funciones de cada uno de los órganos a las exigencias de todo el organismo.

La regulación del delicado equilibrio sueño-vigilia está marcada por nuestras agujas cerebrales y está gobernada por la alternancia luz-oscuridad.

La oscuridad estimula la secreción de melatonina, la hormona que señala al organismo que es el momento de dormir; la luz, en cambio, la inhibe y entonces, permanecemos despiertos. Además de esta importante señal, el cerebro es capaz de enviar señales químicas que preparan a todo el organismo para el sueño o la vigilia. Durante el sueño, prevalecen las señales del descanso y se inhiben los estímulos excitatorios, mientras que durante la vigilia sucede lo contrario.

Cuando nuestro reloj interno pierde la sincronización con las señales externas y con las señales metabólicas internas, se pueden verificar repercusiones en todo el organismo. Esta falta de sincronización puede conectarse con diferentes trastornos, como cansancio persistente y disminución del estado de ánimo, dificultad para dormir y baja calidad del sueño, irritabilidad, alteraciones del comportamiento alimentario y del metabolismo y síndrome metabólico. Es fundamental actuar sobre todos los actores involucrados en el estado metabólico nocturno para poder restablecerlo y favorecer la fisiológica inducción al sueño además de una mejor calidad de este.

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